Qué difícil es vivir,
complicadísimo, sin embargo lo hacemos sin esfuerzo aparente, ¿cómo lo
conseguimos? Estamos programados para sobrevivir, para evitar las situaciones
de peligro y dolor, nuestro cerebro se encarga de protegernos lo máximo
posible. Aún así la vida se esfuerza por ponernos pruebas y trampas imposibles
de evitar. Tal vez habréis vivido situaciones que os sobrepasaban, que
superaban cualquiera de vuestras capacidades y de forma sorprendente seguisteis
adelante, sacasteis fuerza de flaqueza y la vida continuó.
A veces me rebelo y
pienso que la vida no debería continuar como si nada, no estoy preparada
para seguir su ritmo. Pero no podemos pararla, nuestro espíritu de
supervivencia es más fuerte que cualquiera de nuestros pensamientos racionales,
nuestro cerebro está programado para sobrevivir y el mundo sigue girando.
Una amiga que ha sido
madre recientemente, me dijo: "Sé que el dolor durante el parto
fue espantoso, pero ahora soy incapaz de recordarlo." Su mente borró aquella
sensación para permitir que la naturaleza continuara su curso. A eso me refiero
exactamente.
Entonces, tal vez el
quid de sobrevivir no resida en seguir adelante, eso ya viene por defecto; sino
en cómo hacerlo. Para qué luchar intentando cambiar lo irremediable, no sería
más productivo sacarle el máximo partido, buscar aquello de "no hay mal
que por bien no venga"… La forma de enfrentarnos a los retos influye directamente
en sus resultados, una mirada positiva genera energía que puede facilitarnos ese
camino embarrado.
Hablo de optimismo, y no me refiero a ser un iluso alejado de la realidad, sino a la actitud de ser conscientes de la situación, intentar pensar en qué bueno se puede sacar de ello o
simplemente afrontarla desde el mejor ángulo. Éste es un don que siempre he admirado, pues son personas que con una sonrisa te regalan un
instante de felicidad, personas que te animan con una mirada
silenciosa, gente que disfruta cada segundo de su vida sin pensar en el
mañana, que te dan la mano para caminar sin mirar el suelo… Yo
aspiro a ser como ellas, quiero sobrevivir gracias a esa fuerza interior que
saca el color brillante de esta vida de grises.
Y como muestra que todo no son elucubraciones de esta cabecita, os dejo un enlace donde Elsa Punset explica algo de esto (y mucho mejor que yo). Me quedo con la frase:
"Aunque no siempre podemos decidir
nuestras circunstancias, sí podemos decidir cómo nos enfrentamos a ellas."
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