expectación.
(Del
lat. exspectatĭo, -ōnis).
2. f. Contemplación de lo que se expone o muestra al público.
Así define esta palabra la Real Academia Española de las letras; una palabra fácil y genial.
Eso sí, siempre que no se transforme en expectativas... ¿por qué? sencillo, la expectación es una espera, un camino de curiosidad e ilusión en el que se transita hacia algo nuevo, un horizonte abierto lleno de posibilidades, un lugar especial hacia el que te diriges guiado por la emoción de descubrir nuevos mundos.
Las expectativas... ayy eso es harina de otro costal... ya hablamos de un concepto claro y definido; vuelve a ser un objetivo, pero en este caso, con forma y estructura delimitada. Un cuadro idealizado y descrito con todo detalle por nuestro cerebro. Deberá cumplir altísimos requisitos para que, después del anhelo que nos impulsó a su dibujo, en el que pusimos tanto tesón por imaginar cada pequeña pincelada, no nos produzca una gran decepción.
Los caminos, las rutas, las esperas... son líneas que unen etapas de nuestra vida; los visualizo como los hilos que coserán los retales de las experiencias y recuerdos de nuestra vida, formando una gran colcha. Esta manta seguramente nada tendrá que ver con el patrón que elegimos: habrá retales más coloridos, otros más pálidos, los habrá irregulares que se unieron en el último momento, tal vez incluso haya materiales que nunca imaginamos utilizar; ni mejores ni peores que los planeados, simplemente distintos a esa idealización que suponen las "expectativas".
Por todo ello, sin duda, me quedo con la ilusión del camino, con las mariposas en el estómago que se sienten tan sólo por llegar, por saber que algo nuevo me está esperando, que subiré un nuevo escalón y disfrutaré de otras vistas. Ese "pellizco" en el alma que me hace sentir viva y recordar que siempre habrá nuevos sueños, nuevas rutas y nuevos horizontes cargados de expectación.
