Veo muchas páginas en blanco, veo
una buena costumbre abandonada, un buen capitán no debe permitírselo. Pero no
seamos duros, las páginas en blanco son jornadas en tierra, intensas y especiales
que dejaron su historia en mi piel.
La vida en tierra es distinta a
como imaginaba, nunca aciertas cuando haces predicciones… ¿mejor o peor? No lo
sé, simplemente distinta. Pensaba que no volvería a sentir el movimiento del
oleaje bajo mis pies, pero nada más lejos de la realidad, la corriente pasó del
barco a mí y con ella ando día a día; me hace agarrarme a la tierra, disfrutar
cada día, pues es el recuerdo vívido de que en cualquier momento volveré a
navegar por aquellos mares pasados y otras rutas me llevarán a nuevos parajes.
Por ahora me centro en el
presente, o lo intento; tal vez sea por aquello de haber sido tanto tiempo
lobo de mar o porque lo llevo en las venas, pero el hecho es que dudo continuamente
hacia donde me llevará el viento. Intento apartar las cuerdas y aparejos para
centrarme en lo que realmente importa, en el ancla que no debe faltar. Es
complicado, en tierra todo lo es; la mayor dificultad es que ya no hay un timón
con rumbo fijo, sino muchos caminos trazados por alguien que ya pasó por allí. La
mayoría de gente se deja guiar por ellos, yo los ando y desando, luchando
contra la inercia para lograr alcanzar un equilibrio entre los mapas ya
dibujados y la ruta que mi corazón me dicta, averiguando hacia donde viajo por
decisión propia y hacia donde me empujan los aires taimados del continente.
Lo que me gusta de tierra son las
mil paradas y posadas que encuentro por doquier, las sonrisas cómplices que atesoro
y las nuevas gentes que he conocido. Junto a mi guía he conocido nuevas
inquietudes y afanes, haciéndolos míos en muchos casos, mientras que me he permitido compartir otros que
guardaba en mis adentros; en conjunto experiencias
nuevas que han supuesto grandes momentos de esta etapa.
¿Cuál será la siguiente parada?
¿Me alejaré mucho más de la mar o volveré a ella en un futuro cercano? Vuelvo a
repetirme pero no lo sé. Ahora sólo quiero zambullirme en este reto para que,
pase lo que pase, yo tenga la certeza que luché, disfruté, viví, y me deje el
alma en los recovecos de esta curiosa tierra que nunca deja de oler a sal.

