viernes, 19 de octubre de 2012

Donde el corsita nos lleve

Ayer fue un día triste, ayer mi corsita se fue rumbo al desguace...


Os pongo en situación; el corsita ha sido mi primer coche. Me lo regalaron en 1º de carrera, era gris metálico (según algún "pseudo-daltónico": verde), de segunda mano y ya tenía algún añito encima; pero se conservaba de maravilla y daba el pego como "super bólido"... bueno tal vez no tanto, pero para mi supuso el comienzo de la universidad y todo lo que esto conllevaba.

Con él comencé a ir a Teatinos, a esas primeras clases de química en las que pensaba que sería incapaz de enterarme alguna vez de qué iba exactamente la química-física. Era la época de las invasiones, San Alberto, los bocadillos de calamares de la cafetería, las prácticas... Después nuestra zona se amplió y el corsita solía verse aparcado en la puerta de medicina; su biblioteca se convirtió en nuestra segunda casa, nos alimentabamos a base del menú nº 20 de Dani o probábamos esos sitios nuevos donde te ponían una tapa con la bebida, ¡¡cómo en Granada!! El corsa siempre encontraba algún hueco o un buen sitio en doble fila.

  

Los veranos no se quedaban atrás. El corsa nos llevaba a sitios increíbles, desde fiestas en barcos veleros, a recoger estanterias de metro y medio en IKEA, a playas y atascos en Fuengirola o cumpleaños en sitios inaccesibles; siempre cumpliendo con la máxima ocupación posible, que no estaba la cosa para despilfarrar gasolina.

La universidad avanzaba y me llevó hasta Granada, era el momento de convertirme en "novata vieja", qué cambio!! Menos mal que el corsa seguía conmigo; mi primer día por allí me sentía totalmente desubicada... pero tenía el corsita, era terreno conocido y con él podía recorrer el mundo, así que respire hondo, busqué las frecuencias de la radio de Granada y me lancé a la facultad de Farmacia y a los mejores años de mi vida universitaria.


Sí... esos fueron "los años dorados" del corsita, años que me hicieron ser lo que soy ahora, en los que cada viaje era una pequeña aventura, en los que sabíamos desde donde salíamos pero nunca donde se acabaría, sólo que el siguiente destino seguro que era mejor que el anterior...

En fin, que ayer me puse nostálgica al pensar que ya no veré más el corsa aparcado por mi calle, y que esos años y esas experiencias tendré que guardarlas a buen recaudo porque ya no está el corsita como testigo mudo de todas aquellas grandes historias...

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